Las emociones después de una cesárea

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Cuando comenzamos a adentrarnos en el último trimestre del embarazo, el momento del parto va tomando mayor presencia. Si el embarazo ha transcurrido con normalidad, nuestro parto será, en principio, de forma natural… como tiene que ser, como siempre ha sido….

Pero, ¿qué ocurre si el parto termina en una cesárea?

Algunas mujeres se recuperan muy bien de la intervención y no supone mayor problema.

Pero, para la gran mayoría de mujeres, el nacimiento de su bebé por cesárea supone un “plan inesperado” y afloran muchas emociones que se mezclan entre sí: la alegría de tener al bebé, la limitación de movimiento debido a la intervención para poder atender y cuidar al bebé como desearíamos, la sensación dolorosa a nivel físico en el lugar de la cicatriz y, para muchas mujeres, sentimientos de tristeza y frustración porque el parto no ha ido según lo esperado y deseado. Sentimientos que en la mayoría de los casos no se expresan porque “se supone que tienes que estar feliz con el nacimiento de tu bebé”. Sin embargo, es muy importante, yo diría prioritario y fundamental, hablar de aquello que sientes  en un entorno en el que no te sientas juzgada, en el que te sientas acogida.

Desde un punto de vista meramente físico, la cesárea es una intervención quirúrgica mayor y el tiempo de recuperación es más lento que tras un parto natural. Las necesidades de descanso y la tranquilidad que requiere una madre tras un parto por cesárea son mayores. Cuando nos realizan una intervención, por mínima que sea, siempre existe un periodo de convalecencia “socialmente aceptado” en el que tenemos y debemos descansar. En el caso de la cesárea, como la alegría de un bebé en la familia es muy potente, nos olvidamos de esta necesidad de descanso y convalecencia de la madre. Incluso las mismas madres queremos estar activas de forma muy rápida. ¡Claro, queremos cuidar a nuestro bebito!

Para facilitar el bienestar de la mamá y el bebé, ¿qué podemos hacer?

Descanso, tranquilidad y calma …para ti y tu pequeño.

Las visitas, sin duda con buenas intenciones, tendrían que limitarse todo lo posible. Y, en cualquier caso, entender este periodo de convalecencia y ser realmente útiles en temas prácticos. La mamá no suele desear que cojan a su bebé en brazos ni “que se lo lleven para que ella pueda descansar”; lo que solemos desear es poder estar con nuestro bebé en tranquilidad y no tener que ocuparnos de los otros quehaceres del hogar, como puede ser la limpieza y las comidas. En este contexto, y con esta comprensión, toda ayuda externa es muy bienvenida.

El compartir tus emociones, en un entorno de intimidad y respeto, hace que esas emociones que son muy válidas, no se queden en el interior…, que se te tengan en cuenta.

Y, aunque os resulte extraño está muy bien buscar palabras sencillas para contarle a tu bebé cómo te sientes. No importa que llores… palabras desde el corazón,… el bebé no entiende de idiomas pero sí de emociones. Tómate tu tiempo, sin prisa.

DT

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