La llegada de un hermanito

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Quién me iba a decir que me volvería a quedar embarazada tan pronto y en medio de un delicado estado de salud de mi hijo mayor, Kike… Lo primero que pensé fue «No es el momento”… Pero lo estaba y era hermoso pensar en ello. Sin miedos, con la serenidad que te da la experiencia, pero con esa sensación de aventura que se tiene en cada embarazo.

Todo cursó según lo previsto, y hasta pude experimentar lo que supone parir, que aunque no es habitual pasar primero por una cesárea y luego parto, mi ginecólogo me dio la confianza suficiente para poder hacerlo.

Y allí estaba yo, esperando el momento, como si fuera madre por primera vez. Carlos, como se llama mi segundo hijo, nació rápido, grande y fuerte y pude abrazarlo antes de que cortaran el cordón umbilical, fue una experiencia preciosa y emocionante, muy diferente a la primera. Tengo que haceros una confesión, cuando Kike nació con tantos problemas, los médicos nos aconsejaron que tuviéramos otro hijo enseguida, solo escucharlo me causaba un gran dolor, hoy entiendo a la perfección el valor de aquel consejo… Carlos llegó y me enseñó otra versión de lo que significaba ser madre, llegó y equilibró nuestra balanza emocional, vital y familiar.

Fue duro repartirme los primeros meses entre el que me necesitaba más y el que me necesitaba, pero pude y me siento muy orgullosa de haber encontrado el equilibrio para poder atender a mis dos hijos a la vez.

Carlos aprendió a hacerse su sitio, con amor, simpatía y mucha astucia, habilidad que le ha servido siempre para hacerse notar. Ser un hermano especial tiene un gran valor añadido, él nos ha enseñado que las limitaciones están en la cabeza, en nuestros pensamientos, que todos somos diferentes y que su hermano Kike, simplemente es así, sin más… Sin quererlo, ni pretenderlo Carlos se ha convertido en un hermano mayor que sirve de ejemplo, que enseña y eso le hace sentirse importante. No queremos que en el futuro asuma la responsabilidad de cuidar de su hermano Kike, pero para Carlos no es una responsabilidad es solo su hermano y eso es suficiente.

Si pensamos bien en estos sentimientos nos daremos cuenta que es lo natural, reclamar el derecho de estar y formar parte de todo incluye a su hermano y es maravilloso ver como esa relación se va consolidando cada día.

A la mayoría de nosotros no se nos ha enseñado el valor real de lo que supone sentir en plenitud cosas buenas o malas, simplemente sentirlas, pero la vida nos va inculcando cómo comportarnos ante las emociones incómodas. Darnos cuenta de que nuestros hijos también nos pueden enseñar a vivir o pensar de una manera más sencilla forma parte del maravilloso papel que supone ser padres, no creéis?…

 

DT

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