La Frustración en niños

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Desde que somos niños se nos han validado las emociones “positivas” y cuestionado las negativas. Tanto es así, que cuando nos sentimos tristes, las personas que nos rodean nos dicen: no llores, no estés triste…¿Verdad?

Las emociones que generan en el otro cierta incomodidad, cierto malestar, son aquellas que evitamos de cara al público e incluso hacia nosotros mismos. ¿Cuál consideras que es la emoción más complicada de gestionar para ti como padre o madre?  ¿Y de tus hij@s? La frustración en los niños es una de las emociones que más cuesta validar.

La rabieta de un niño se puede convertir en uno de los momentos más indeseados de los padres, más si es en público y refleja la expresión de un deseo insatisfecho. Un deseo que los niños sienten casi como una necesidad, pues ellos no saben discernir una cosa de otra y, generalmente, es la punta del iceberg de un cúmulo de cosas. Y que, además, no saben canalizar ni tienen herramientas para gestionarlo.

La función de los adultos es arrojarles luz en este proceso. ¿Cómo? Lo primero, evitando, en la medida que se pueda, que lleguen a ese estadio.  Los niños cuando explosionan, generalmente, llevan algo más detrás, y muchas veces no somos conscientes. ¿Hace cuánto han comido o bebido? ¿Cuantos “vamos”, “no toques”, “no se puede” han precedido al momento? Una vez que sucede no hay varitas mágicas, pero sí tips para un acompañamiento respetuoso.

Lo mejor es evitarlas

Los niños con hambre o cansados, son más propensos a padecer explosiones de frustración, lo que conocemos como “rabietas”. Los espacios tipo grandes almacenes, si se puede, mejor evitarlos. Son lugares de muchos estímulos y los niños todo lo quieren, todo lo tocan y al cuarto “no” tienden a saltar.

Cuando la explosión es inevitable: 

Nunca ignorar. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Cuando tu te sientes así, lo último que mereces es que te dejen solo o te ignoren. Cuando te dicen, si lo que quiere es llamar la atención pues, precisamente, préstale atención, la necesita

Nuestro rol como padres es que crezcan con valores, respetándose a sí mismos y a los demás y, para ello, debemos dar ejemplo desde el primer día. Son nuestro espejo.

Para gestionar la frustración con nuestros hijos debemos en primer lugar validar la emoción. Darle ese espacio para expresarse. Sí, es muy complicado y más cuando están liándola en público…

  • Acercarse al niño tal y como te acercarías si te encontraras con un adulto en esa situación. No hacer de menos lo que siente por el hecho de ser un niño.
  • Tratar de comprender qué le ocurre y permitir que se exprese.
  • Acompañar ofreciendo alternativas viables para ayudar en la resolución del problema. Por ejemplo, “no puedes jugar en este espacio porque es peligroso pero, sin embargo, sí en este otro lugar”.
  • Pasado el momento de explosión, tratar de hablar sobre cómo se ha sentido y proporcionar herramientas al niño para gestionarlo mejor la próxima vez. 

Muchos padres, sienten nervios cuando sus hijos explosionan y es aquí donde nos tenemos que dar cuenta que nosotros, como adultos, tenemos que hacer también nuestro trabajo.

La paciencia sólo la puedes trabajar tú, la templanza, el equilibrio… Los adultos somos responsables de nuestras acciones y, muchas veces, nos permitimos determinadas acciones por el mero hecho de pensar que a los niños les podemos gritar o desmerecer, algo que no se nos ocurre hacer con nuestros jefes, por ejemplo.

Por lo tanto, el autocontrol es algo que se debe trabajar día a día en primera instancia para poder gestionar con integridad a nuestros hijos, que serán quienes se fijen en nosotros a la hora de desenvolverse en la vida.

 Y una frase que os puede ayudar: “Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite”.

Espero que estas pinceladas os ayuden a comprender mejor a vuestros hijos y os iluminen en el difícil pero precioso camino de la maternidad y la paternidad.

Para que podáis trabajar la relajación con los más peques, os dejamos unas actividades que ayudarán a vuestros hijos a controlar las emociones y, además, les inculcarán valores como el reciclaje o el trabajo en equipo. 

 

Ana Villaseca

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