El masaje infantil como herramienta del papá para construir el vínculo

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Cada vez son más los hombres que reclaman un papel más activo y participativo en la crianza de sus bebés. Muchos papás se empiezan a plantear ya desde el embarazo cuál va a ser su rol en la crianza del bebé, deseando que dicha crianza se base en una toma de decisiones compartida entre ambos progenitores, y un estrecho vínculo con sus hijo/a.

Existe un gran número de publicaciones en torno a la construcción del vínculo materno-infantil: sobre la importancia del contacto piel con piel durante las primeras horas de vida del bebé, sobre el papel de la lactancia y de otros cuidados a la hora de favorecer el vínculo entre la mamá y el bebé. Pero, ¿dónde queda el papá en lo que al establecimiento del vínculo se refiere? ¿Está el hombre biológicamente preparado para desarrollar un vínculo afectivo con su bebé?

La oxitocina, también llamada “hormona del amor”, es la hormona que en los mamíferos asegura la supervivencia de las crías, ya que media en comportamientos como el cuidado, protección y amor por parte del adulto. Es una hormona que segrega el organismo de la mujer durante el embarazo, aumenta en el parto y tras el nacimiento del bebé, y es la responsable de que bebé y mamá se vinculen. La buena noticia para los hombres es que se ha visto que esta hormona también se modifica en los papás que cuidan de sus hijos. Incluso se ha comprobado por resonancia magnética que los circuitos neuronales que se activan en el hombre cuando cuida de su bebé pueden llegar a ser muy similares a los que se activan en la mujer. Es decir, existe evidencia científica de que en el hombre se desencadenan también cambios a nivel hormonal y de sistema nervioso responsables del vínculo con su bebé.

En lo que al bebé respecta, la piel y todo lo que recibe a través de ella, constituyen su primer lenguaje (2). El contacto piel con piel, los abrazos, el masaje o las caricias, son mensajes que el sistema nervioso del bebé recibe y procesa como privilegiados, vinculándose con la persona de quien los recibe.

El masaje infantil podría describirse como una herramienta que facilita el establecimiento del vínculo entre el papá y el bebé. El masaje no sólo lo componen los pases que hacemos con nuestras manos sobre la piel del bebé, sino que en realidad es un momento especial donde se crea un entorno que favorece la comunicación y el conocimiento mutuo entre el bebé que lo recibe y el adulto que lo realiza (3). Es importante a la hora de realizar el masaje, prestar atención a los siguientes puntos:

  • La posición que adopta el adulto debe ser cómoda, permitiéndole observar al bebé para reconocer sus  gestos de agrado o desagrado. La posición del bebé debe favorecer el contacto visual.

  • Acompañar el masaje con palabras y mensajes de afecto, incluso canciones. El bebé reconoce la voz de su papá y es capaz de distinguirla de la de otros hombres.

  • Utilizar aceites sin olores fuertes, para no bloquear un sentido muy potente en el bebé: el olfato. Mediante el olfato el bebé será capaz de reconocer a las personas más cercanas, en este caso a su papá.

Muchos papás, incluso, reclaman el masaje como «su momento» con el bebé, ya que biológicamente, las mamás disponen de otros mecanismos de vinculación afectiva con sus hijos, como la lactancia. Además del masaje, existen otras prácticas como el porteo ergonómico, como se expone en el post “El porteo ergonómico es la mejor forma de cuidar tu espalda y la de tu bebé”(http://www.bezoya.es/bebe-a-bordo/el-porteo-ergonomico-es-la-mejor-forma-de-cuidar-tu-espalda-y-la-de-tu-bebe/), al alcance de aquellos papás implicados en el cuidado de sus bebés y que desean mantener un estrecho contacto con sus pequeños, favorecer el desarrollo del bebé y establecer un apego seguro.

Fuentes:



¿Dónde está el manual? Descubriéndonos como padres

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Cuando un bebé llega a nuestras vidas, acuden a nosotros un sinfín de sensaciones, emociones y pensamientos. Nos preguntamos acerca de su respiración, de la alimentación, de si duerme mucho o poco, del peso… ¡A veces incluso seguimos preguntándonos acerca de su nombre!

Un poco más adelante, nos surgen cuestiones sobre pautas de crianza y sobre lo que sentimos y lo que nos hace sentir nuestro hijo/a: emociones positivas (gozo, entusiasmo, dicha, amor) y otras negativas (inseguridad, frustración, enfado y puede que incluso culpa). Por supuesto, también aparece la pregunta más difícil del mundo: ¿Estamos siendo “buenos padres”?

Lo normal, lo que debemos esperar, es que vayan surgiendo dudas y dificultades: con algunas comidas, con despertares desconcertantes o agotadores, rabietas, uso del chupete, la escuela, dejar el pañal… ¡No es fácil ser padres y nadie sabe hacerlo desde el primer día! Como nos decía Mafalda en una de sus apariciones gráficas: “Si es cuestión de títulos… ¡padres e hijos se gradúan el mismo día!”

Hace 2.400 años, alguien afirmó algo que, sin embargo, puede parecernos muy actual a muchos padres y madres: “¡Sólo sé que no se nada!”. Con esta expresión, Sócrates no nos decía que dudara sobre todas las cosas del mundo y sobre todos los aspectos de su ser, sino que existe una gran certeza: no podemos estar seguros al 100% de si lo que conocemos es cierto, o de si lo que hacemos es lo más correcto. Como padres, las dudas serán nuestras fieles compañeras, pero este hecho no ha de desmotivarnos, ¡al contrario!

Hoy en día tenemos accesibilidad a gran cantidad de información. La información es necesaria y valiosa. Nos puede aportar, a través de personas del entorno, profesionales, publicaciones… conocimientos sobre algunos aspectos de crianza y de desarrollo infantil que nos pueden ayudar a cuidar y educar a los niños/as de forma sana y equilibrada.

Sin embargo, el acceso a todos estos innumerables conocimientos, a veces simples opiniones, no debe ensombrecer nuestra auténtica labor como padres: aprender a observar, aprender a reflexionar y aprender a decidir.

Algunas claves que nos pueden ayudar en esa labor son:

1. Profundizar en el conocimiento sobre NUESTRO hijo/a: ¿Qué le gusta?, ¿Qué le incomoda?, ¿Cómo interacciona con el entorno?, ¿Cómo expresa sus necesidades?, ¿Cómo acepta nuestras propuestas?, ¿Cuál es su ritmo personal en la adquisición de diferentes capacidades?…
2. Identificar nuestras expectativas respecto a él/ella: ¿Esperamos que haga tal cosa o tal otra? ¿Por qué? ¿Nos preocupa sólo una determinada parte de su desarrollo y volcamos nuestras expectativas sólo en esa parte? ¿Esas expectativas son ajustadas a la realidad y respetuosas con nuestro hijo/a? ¿Nos condicionan en nuestra forma de hacer/actuar con él/ella?
3. Localizar nuestros “fantasmas”, es decir, esos pensamientos y experiencias personales que nos hacen evitar o temer que sucedan cosas que, no tienen por qué suceder. Nuestros fantasmas condicionan enormemente nuestras actuaciones. “Mi niño/a no aprende a comer, come poquísimo… le va a pasar algo” o “No soy capaz, no sé hacerlo” o “Mi hijo/a es muy activo, creo que puede tener un problema”, etc.
4. Observar, parar y reflexionar sobre las pautas de crianza e interacción que tenemos con el pequeño/a. Auto-observar nuestras acciones, pensamientos y emociones es un ejercicio sano que nos ayuda a ganar seguridad y madurez como padres. No se trata de cuestionarse constantemente, pero sí de acostumbrarnos a emplear la valiosa herramienta de la reflexión: “¿Tuve una reacción excesiva con el niño/a en esa situación?“ o “Lleva unos días más alterado, ¿a qué puede ser debido? ¿Hemos cambiado algo o en algo? ”o “Parece que come mejor cuando está con los primos…”…
Y nunca olvidéis que el método más eficaz jamás descubierto para educar es NUESTRO PROPIO EJEMPLO. Somos los modelos de conducta de nuestros hijos/as: cómo hablamos entre nosotros y con los demás, que dieta llevamos, qué rechazamos, qué nos asusta, cómo reaccionamos ante los conflictos, qué nos divierte, si somos coherentes entre lo que decimos y hacemos… Así lo afirmó Albert Einstein y así lo podréis comprobar a medida que vuestros pequeños vayan creciendo:

“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”.

Fuentes:



La respiración para la crianza (La respiración III)

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Durante la recuperación del parto, si estás dolorida, respirar de una forma adecuada, suave, larga y profunda, te ayuda a pasar el dolor físico. Dentro de la montaña rusa emocional que a veces aparece en el puerperio, apoyarse en una buena respiración, también ayuda a mantener la templanza. Y, además, es una buena forma de acompañar al cuerpo en su proceso natural de volverse a cerrar después de un embarazo y parto.

En esta etapa, también es importante conocer al bebé. Sus cambios y aprendizajes hacen que los papás estén cada día reciclándose como educadores y aprendiendo nuevas cosas. La respiración es una muy buena herramienta para detenerte unos instantes y recuperar tu serenidad. No necesitas más que tu voluntad, y a la vez estarás enseñando a tu hijo/a la importancia de la respiración desde su nacimiento.

En las clases de yoga en familia hay ejercicios en los que el papá y la mamá se tumban en el suelo, los hijos apoyan su cabeza con la oreja sobre el pecho o el abdomen para escuchar el sonido, el ritmo y el movimiento de la respiración. Lo que sucede es que al ser un sonido suave, se hace el silencio para poder escuchar, y al mismo tiempo viene la relajación. Trabajamos la concentración con los niños/as y disfrutamos de sus ganas de aprender y descubrir. De esta forma los acompañamos a soltar y relajar el cuerpo a través de algo tan cotidiano como es el respirar.

Cuando ellos vuelven a escuchar el sonido de la respiración de mamá, incluso la de papá, se sienten seguros, vuelven a casa y se pueden relajar.



Respiración, vida y crianza

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La sensibilidad que florece durante el embarazo facilita la conexión con la respiración y, además, ésta es muy importante para mantener bien oxigenado tu cuerpo y el del bebé.

Hacer ejercicios de respiración diarios puede ser una forma muy gratificante de comunicarte con tu bebé, que está permanentemente escuchando el sonido de tu respiración, sintiendo tu ritmo y movimiento. Recuerda que la crianza empieza en el vientre materno, así que no solo sirve para comunicarte con él, sino que también te hará sentir que lo acompañas y atiendes durante el embarazo. En realidad, la mamá siempre está ahí, pero con la concentración que te proporcionan los ejercicios estarás atendiendo a tu bebé de forma consciente. Si esto lo haces un poquito cada día, al llegar el día del parto, sabrás cómo es tu respiración y eso te ayudará.

El papá también puede participar, si juntos escogéis unos minutos al día para concentraros y cuidaros con la respiración. Escoger un lugar tranquilo y agradable en casa, donde podáis estar cómodos. Después de practicar durante un tiempo, os daréis cuenta que ya es una respiración a tres (o a cuatro con gemelos/mellizos); sentiréis la presencia del bebé y cómo participa con vosotros en esta escucha. ¡Recordad que para el bebé la respiración de mamá ha estado presente desde su existencia!

El parto es muy intenso y, sea cual sea la forma en que nazca tu hijo/a, la respiración puede ser el apoyo para seguir serena, a parte de que es muy importante para mantener bien oxigenado al bebé. Además, te ayudará a estar concentrada en el cuerpo durante el proceso, porque al fin y al cabo, parimos con el cuerpo y no con la mente o los pensamientos.

Tu matrona te dará indicaciones acerca de las respiraciones durante el embarazo y en el momento del parto. Hay gran diferencia entre las mujeres que han escuchado previamente la respiración y el movimiento diafragmático y las que no. Más que saber o aprender cual es la mecánica de la respiración (que también es importante), para el día del parto te servirá conocer lo que tu cuerpo experimenta cuando inhalas y exhalas. Por ejemplo, cuando coges aire sientes que el diafragma se expande y se mueve (con más o menos intensidad) hacia el abdomen, hacia donde está el bebé y también en dirección al periné.

Por tanto, podemos decir que una respiración amplia disminuye el dolor, y mantendrá a la mujer conectada con su cuerpo y alma.

¡Quédate con lo bueno de la vida y disfruta de tu embarazo!