Un aplauso por ser un padre único

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Uno de los mayores placeres de la vida cuando somos pequeños es poder disfrutar con tu familia de todo aquello que te hace feliz, esos mágicos momentos de cariño que hacen única cada situación, ayudándote a crecer como persona y quedándote con lo bueno de la vida.

Cuando creces, recuerdas esos días jugando en el parque con tu padre, esas risas contagiosas con tu madre sin motivo aparente por las que pagaríamos para que fueran eternas, ese regalo recibido por sacar buenas notas en el colegio… Momentos únicos que hacen que tu vida sea especial.

¿Recuerdas aquel día que te caíste de la bici y allí estaban tus padres para consolarte? ¿O cuándo suspendiste aquella asignatura y solo recibiste ánimos para aprobarla en el siguiente examen? Nuestros padres son especiales, siempre están ahí para ayudarnos y contagiarnos de alegría, para que tiremos hacia delante. Les admiramos porque son ellos, los mejores, los nuestros… Son las personas a las que parecernos cuando seamos mayores, nuestro modelo a seguir, aquellos quienes nos inculcan los valores que necesitamos en el día a día… Al fin y al cabo, nuestros maestros.

Creamos vínculos afectivos y familiares cuando somos pequeños, lazos positivos de afecto y cariño, que condicionaron así nuestra personalidad futura y que nos hacen ser como somos hoy, nosotros, con nuestro nombre y apellido, con nuestro carácter y nuestras cualidades. No habrá otra persona igual a nosotros y hemos de aplaudir el trabajo que hacen nuestros padres para conseguirlo. Porque ellos, al igual que nosotros, son únicos también. Y, por ello, siempre pensamos que nuestro padre es único, el mejor de todos, él lo sabe todo, él siempre nos ayuda, él es el más fuerte; siempre está dispuesto a jugar con nosotros aunque no tenga casi tiempo, siempre nos sonríe, sabe cómo hacernos reír a carcajadas, nos ayuda a levantarnos cuando nos caemos. Y, además, siempre estará ahí para apoyarnos incondicionalmente ante nuestras decisiones, porque él nos quiere y por eso le idolatramos.

Por todas esas noches en vela cuidando de nosotros, por esas mil vivencias y momentos que hemos tenido juntos, por su cariño diario, por ser referentes en nuestras vidas, por ese amor desinteresado que muestra cada día, por los consejos y lecciones de vida, por aceptar nuestro egoísmo, por ser como es, por la educación recibida y por esa lista interminable que podríamos estar redactando horas y horas. En definitiva, gracias por traernos al mundo y gracias por hacernos como somos.

El mejor regalo llega desde el corazón, desde el sentimiento, por todo ello los padres se merecen un reconocimiento, un aplauso por ser unos padres únicos. Sin vosotros, nunca seríamos lo que somos.

DT

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