Sigue soñando, en el cielo está tu límite

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“Soy optimista, no me parece útil ser otra cosa.” Con esta frase solía el Primer Ministro Winston Churchill responder a su equipo cuando se presentaban retos en su cotidianidad. No es una sentencia compleja ni difícil de interiorizar o reflexionar, pero precisamente ahí radica la cuestión: en atreverse a hacer y a ser. No se trata de pensar o de tener, sino de ser lo que realmente queremos ser y de hacer y vivir todo aquello que nos reporte bienestar. La acción es la clave del éxito y de la felicidad. Disfrutar de la vida es la principal asignatura que todos queremos aprobar y, como indican la mayoría de los expertos en la materia, no hay límites para una persona dispuesta a romperlos.

El empresario y escritor motivacional Stephan Covey, cuya obra ha inspirado a numerosas personas de éxito en todos los campos, apunta que cuanto más usamos y desarrollamos nuestras aptitudes actuales, más aptitudes se nos concederán en el futuro y mayor será nuestra capacidad. Quien tenga la visión y el enfoque de que el viaje hacia nuestros sueños es una escalera recta hacia arriba, disfruta del trayecto sin miedo al fracaso, pues sabe que este es un elemento indispensable en la vida para aprender, reinventarse y ser más fuerte. Es maravilloso empezar a descubrir novedades en el momento en que aquellos límites, que teníamos como grandes murallas en nuestro camino, se nos descubren como simples barreras de nuestra mente, consiguiendo dar un paso más hacia delante. Sin duda, el optimismo es el motor para disfrutar y autosuperarnos ya que soñar es la gasolina que nunca se acaba.

Grupo de amigas
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Por si fuera poco, esta aventura no es una dura batalla ni estamos solos. Frente a las ideas arcaicas de que la vida es una agria competición individual, desde hace años se consolida, en sectores de la psicología del manejo de las emociones y de las estrategias laborales, que la cooperación y el mantenimiento de unas relaciones sociales óptimas son las líneas maestras para los mejores resultados emocionales, profesionales y económicos, tanto a nivel individual como colectivo. Dicho de otro modo, no solo podremos alcanzar nuestros sueños y disfrutar del proceso pensando en lo mejor para nosotros, sino que además lo conseguiremos compartiéndolo con los demás. Haremos las mayores contribuciones a nuestro entorno si, en lugar de temer a la llamada a la puerta, respondemos a ella con alegría y firmeza. La pasión no es algo con lo que hayan nacido unos pocos, es una semilla que tenemos en nuestro interior, que germina viviendo el día a día con optimismo, empuje y complicidad emocional.

Chica bañándose en cascada
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Quizás no podemos cambiar el mundo, o quizás sí; sabiendo que podemos cambiarnos a nosotros mismos, que tenemos el control.

¡Sigue soñando, en el cielo está tu límite!

DT

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