Un hurra por esas noches que tanto nos gustan

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Imagina que estás en una playa bonita y un poco solitaria, que has ido allí a disfrutar de una noche mágica de verano. Imagina que tienes cerca a tus mejores amigos para arroparte, justo ahora que empieza a correr una ligera brisa y, entonces, miras arriba, feliz, y en el cielo brillante ves pasar una estrella fugaz y pides como deseo que esa noche no se acabe nunca, que ese momento sea para siempre… Aunque igual no tienes que imaginártelo, porque seguro que alguna vez has vivido una de esas noches especiales y seguro que muy pronto vas a vivir muchas más.

A veces no hay que buscar demasiado pues en momentos inesperados se nos aparece, por sorpresa, la felicidad. En una comida con la familia, en un paseo por el campo… Solo hay que dejarse llevar, vivir con alegría y disfrutar, porque los instantes que vives con intensidad se quedan para siempre contigo.

Noche iluminada bokeh
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Cultiva, si puedes, esas pequeñas perlas para que vayan brotando de vez en cuando y consigan el fruto de una gran sonrisa. Y no hace falta tener la playa cerca, seguro que puedes encontrar un parque, una azotea o algún espacio bonito donde quedar una noche con tus amigos para echar unas risas. Con poco, tendrás mucho, porque disfrutar de las pequeñas cosas te hará la vida más feliz.

Hay también noches especiales que preparas con esmero, como una cena con amigos en casa en día en el que, por ejemplo, se pueda ver el reflejo de la luz de la luna llena por tu ventana. Pones el empeño en colocar con mimo todos los detalles, piensas en todo lo que le puede gustar a los demás y vuelcas toda tu ilusión en que todo quede perfecto. Y, a veces, el momento hermoso aparece justo antes de que lleguen todos, cuando ves cómo ha quedado de bonita la mesa o cuando te preparas para recibirles y te echas unas gotas de tu colonia de las grandes ocasiones.

Grupo de amigos
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Esos momentos quedan para el recuerdo y te hacen sentir que merece la pena vivir. Pero tienes que estar atenta porque esos instantes para enmarcar no vienen con una alarma que nos avise, ni siquiera con un pensamiento fugaz que nos haga pararnos y dejar lo que estemos haciendo. Esos momentos llegan sin avisar y hay que estar preparada, con los ojos muy abiertos. Si no estás atenta, te puede pasar aquello que cantaba Christina Rosenvinge en una de sus canciones: “El día que yo fui feliz nadie tocaba el violín y, como nadie me avisó, no me di cuenta y me dormí”. No te duermas y disfruta de esos momentos y esas noches que tanto nos gustan.

DT

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