¿Dónde está el manual? Descubriéndonos como padres

Tiempo de lectura: 3 minutos

Cuando un bebé llega a nuestras vidas, acuden a nosotros un sinfín de sensaciones, emociones y pensamientos. Nos preguntamos acerca de su respiración, de la alimentación, de si duerme mucho o poco, del peso… ¡A veces incluso seguimos preguntándonos acerca de su nombre!

Un poco más adelante, nos surgen cuestiones sobre pautas de crianza y sobre lo que sentimos y lo que nos hace sentir nuestro hijo/a: emociones positivas (gozo, entusiasmo, dicha, amor) y otras negativas (inseguridad, frustración, enfado y puede que incluso culpa). Por supuesto, también aparece la pregunta más difícil del mundo: ¿Estamos siendo “buenos padres”?

Lo normal, lo que debemos esperar, es que vayan surgiendo dudas y dificultades: con algunas comidas, con despertares desconcertantes o agotadores, rabietas, uso del chupete, la escuela, dejar el pañal… ¡No es fácil ser padres y nadie sabe hacerlo desde el primer día! Como nos decía Mafalda en una de sus apariciones gráficas: “Si es cuestión de títulos… ¡padres e hijos se gradúan el mismo día!”

Hace 2.400 años, alguien afirmó algo que, sin embargo, puede parecernos muy actual a muchos padres y madres: “¡Sólo sé que no se nada!”. Con esta expresión, Sócrates no nos decía que dudara sobre todas las cosas del mundo y sobre todos los aspectos de su ser, sino que existe una gran certeza: no podemos estar seguros al 100% de si lo que conocemos es cierto, o de si lo que hacemos es lo más correcto. Como padres, las dudas serán nuestras fieles compañeras, pero este hecho no ha de desmotivarnos, ¡al contrario!

Hoy en día tenemos accesibilidad a gran cantidad de información. La información es necesaria y valiosa. Nos puede aportar, a través de personas del entorno, profesionales, publicaciones… conocimientos sobre algunos aspectos de crianza y de desarrollo infantil que nos pueden ayudar a cuidar y educar a los niños/as de forma sana y equilibrada.

Sin embargo, el acceso a todos estos innumerables conocimientos, a veces simples opiniones, no debe ensombrecer nuestra auténtica labor como padres: aprender a observar, aprender a reflexionar y aprender a decidir.

Algunas claves que nos pueden ayudar en esa labor son:

1. Profundizar en el conocimiento sobre NUESTRO hijo/a: ¿Qué le gusta?, ¿Qué le incomoda?, ¿Cómo interacciona con el entorno?, ¿Cómo expresa sus necesidades?, ¿Cómo acepta nuestras propuestas?, ¿Cuál es su ritmo personal en la adquisición de diferentes capacidades?…
2. Identificar nuestras expectativas respecto a él/ella: ¿Esperamos que haga tal cosa o tal otra? ¿Por qué? ¿Nos preocupa sólo una determinada parte de su desarrollo y volcamos nuestras expectativas sólo en esa parte? ¿Esas expectativas son ajustadas a la realidad y respetuosas con nuestro hijo/a? ¿Nos condicionan en nuestra forma de hacer/actuar con él/ella?
3. Localizar nuestros “fantasmas”, es decir, esos pensamientos y experiencias personales que nos hacen evitar o temer que sucedan cosas que, no tienen por qué suceder. Nuestros fantasmas condicionan enormemente nuestras actuaciones. “Mi niño/a no aprende a comer, come poquísimo… le va a pasar algo” o “No soy capaz, no sé hacerlo” o “Mi hijo/a es muy activo, creo que puede tener un problema”, etc.
4. Observar, parar y reflexionar sobre las pautas de crianza e interacción que tenemos con el pequeño/a. Auto-observar nuestras acciones, pensamientos y emociones es un ejercicio sano que nos ayuda a ganar seguridad y madurez como padres. No se trata de cuestionarse constantemente, pero sí de acostumbrarnos a emplear la valiosa herramienta de la reflexión: “¿Tuve una reacción excesiva con el niño/a en esa situación?“ o “Lleva unos días más alterado, ¿a qué puede ser debido? ¿Hemos cambiado algo o en algo? ”o “Parece que come mejor cuando está con los primos…”…
Y nunca olvidéis que el método más eficaz jamás descubierto para educar es NUESTRO PROPIO EJEMPLO. Somos los modelos de conducta de nuestros hijos/as: cómo hablamos entre nosotros y con los demás, que dieta llevamos, qué rechazamos, qué nos asusta, cómo reaccionamos ante los conflictos, qué nos divierte, si somos coherentes entre lo que decimos y hacemos… Así lo afirmó Albert Einstein y así lo podréis comprobar a medida que vuestros pequeños vayan creciendo:

“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”.

Fuentes:

DT

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