Mandalas

Tiempo de lectura: 2 minutos

El dibujo ayuda al niño a expresarse y canalizar, pero también a relajarse. El dibujo libre es una manera excelente de trabajar desde la iniciativa propia. 

Es precioso observar el trabajo que pueden hacer y lo que son capaces de reflejar en un dibujo, dicen mucho de cómo perciben y de cómo se sienten. Para un trabajo dirigido y enfocándonos en las normas de la escritura, proponer a los niños mandalas les ayudará en su desarrollo de la motricidad fina más específico. 

Los mandalas tienen un origen ancestral Hindú. Son dibujos geométricos que giran en torno al círculo y reflejan el micro y macro cosmos a nivel espiritual en varias culturas. La manera de ofrecer este recurso ha de ser bajo momento de placer, sin presionar ni exigir nada al niño más allá de ofrecer colores para colorear el dibujo.

No pasa nada si se salen de las líneas, no hace falta corregir esto. No debemos convertir este juego en un rato de frustración sino de relajación y disfrute. Los niños irán mejorando la técnica por sí mismos con la práctica.

Dejadles que disfruten y den rienda suelta a su creatividad que el dibujo, en sí, ya marca, y mucho, “la línea a seguir” y es bonito dejarles fluir con lo que sienten cuando lo tienen delante. Os dejo varios mandalas para niños y un enlace gratuito para descargaros muchos más.

*Cada padre o madre debe evaluar cuál es el más adecuado según el nivel de complicación respecto al desarrollo madurativo del niño.

 

Ana Villaseca


En busca del tesoro

Tiempo de lectura: < 1

Trabajar la serenidad y la relajación son grandes herramientas para la vida. El ritmo frenético del día a día no ayuda a que los adultos y niños se sientan tranquilos. 

Existen algunas actividades para trabajar la paciencia desde la infancia como “en busca del tesoro”. Es una actividad de autocontrol que se puede ejercitar. 

Proporcionar recursos para trabajarlo con los niños es una manera de regalarles herramientas para esa práctica. Este juego tiene como objetivo eso mismo: trabajar la paciencia, la perseverancia y la constancia.

¿Qué necesitas?

  • Un cubo grande
  • Arena de sílice
  • 10 tapones de botellas Bezoya

¡Manos a la obra! 

Antes de manipular los objetos nos lavamos bien las manos y si los materiales son nuevos procurad desinfectarlos antes de trabajar con ellos.

Se trata de volcar la arena de sílice en el cubo, introducir los tapones y que los niños encuentren todos.

El juego puede ir de menos a más. Según vaya resultándoles más sencillo, se pueden incorporar elementos más pequeños: canicas, bolitas de collares…Cuando esto pase, recuerda reciclar los tapones echándolos en el contenedor amarillo o reutilizarlos usándolos en otras actividades.  

Es, básicamente, el juego de “buscar una aguja en un pajar”, muy beneficioso también para el desarrollo de la motricidad fina, importantísima para la lecto-escritura.

 

Ana Villaseca


Mindfulness para niños

Tiempo de lectura: 2 minutos

El mindfulness es uno de los grandes recursos para buscar el equilibrio emocional, la relajación y el sentir que vivimos, el aquí y el ahora. 

Es una disciplina que refuerza el sistema inmunológico, equilibra el sistema nervioso, fortalece la musculatura, aumenta la flexibilidad pero, sobre todo, hace sentir muy bien.

Los niños pueden iniciarse en esta práctica desde los 3-4 años y les ayuda a centrarse en el presente, sentir su cuerpo, su respiración y, por lo tanto, adoptan plena consciencia del momento. Son muchos centros educativos los que se están sumando a esta técnica para equilibrar a los niños y ayudarles a sentirse más tranquilos y con la mente equilibrada para enfrentarse a las diferentes materias. Así, antes de iniciarlas en cada clase, el profesor o profesora, hace un trabajo emocional para que los alumnos estén más preparados para la clase. 

Después de varias sesiones, se les puede colocar un cartel con pictogramas y así podrán realizarlo de forma autónoma. Os propongo dos ejercicios para trabajarlo:

Programación neurolingüística: Los mantras

El mantra es una manera de trabajar la programación neurolingüística. Muchas veces formamos pensamientos no sólo por lo que sentimos sino por cómo lo sentimos y cómo nos lo decimos a nosotros mismos. 

Los niños tienen una enorme capacidad de flexibilizar sus pensamientos. Vamos a aprovechar esta oportunidad que nos regalan los mantras para canalizar frustraciones, encarar el día, agradecer o mejorar su autoestima. 

La frustración en niños

Frases bonitas que pueden repetir, al menos 5 veces: 

  • “Me acepto tal y como soy”
  • “Soy fuerte, valiente y capaz”
  • “Hoy va a ser un gran día”
  • “Doy gracias por tener a mi lado, a tantas personas que me quieren”
Observar y sentir a quien tengo delante: Te miro sin parar

Esta actividad la hemos practicado casi todos en algún momento de nuestra vida. Mirar al otro sin más. Es una simpleza pero esconde una gran belleza. Disfrutar de observar a alguien con tiempo para hacerlo. Mirarse dos personas para sentirse. Un niño se sienta frente a otro (o un adulto) y dedican un par de minutos a mirarse. La única norma es que no deben retirar la mirada. ¡Todo un reto!

Los padres pueden animarse, ¡es beneficioso para todos! 

 

Ana Villaseca


El bote de la calma

Tiempo de lectura: 2 minutos

Se trata de un recurso que les puede ayudar a relajarse. De hecho, cada día se van generando espacios en la etapa de infantil para que los niños tengan un rincón relajante. Este lugar está diseñado para que los niños puedan acudir de forma voluntaria para calmarse cuando se sienten agitados o nerviosos. 

Este tipo de espacios se pueden crear también en el hogar. No debe convertirse en un lugar al que deban ir de forma obligada. Se trata de un sitio amable que les ayuda, no una imposición. Allí los niños deben encontrar recursos que puedan ayudarles a sentirse más relajados. Uno de los que os propongo, con esta actividad, es: el bote de la calma.

¿Qué necesitas?

  • Agua templada
  • Una botella Bezoya
  • Colorante alimenticio
  • Purpurina, perlitas…
  • Aceite corporal o en su defecto gel
  • Pegamento

¡Vamos al lío!

Antes de manipular los objetos nos lavamos bien las manos y si los materiales son nuevos procurad desinfectarlos antes de trabajar con ellos.

Llenamos una botella Bezoya de agua templada. Añadimos unas gotas de colorante alimenticio y mezclamos con un chorro de gel o aceite corporal. Cerramos la botella pero poniendo antes un poco de pegamento para dificultar la apertura.

Esta actividad tiene una variante, se puede hacer de varios colores (colorantes alimenticios) y se puede trabajar en el descubrimiento de las emociones. Por ejemplo: rojo – excitación, azul – relax, amarillo – alegría y así sucesivamente.

Una manera de ofrecer recursos para trabajar la calma y el pensamiento emocional 😉

Recuerda que, una vez que tus peques dejen de usar estas botellas, debemos llevar el plástico al contenedor amarillo para que sea reciclado y dar una nueva vida a los materiales.

 

Ana Villaseca


La Frustración en niños

Tiempo de lectura: 3 minutos

Desde que somos niños se nos han validado las emociones “positivas” y cuestionado las negativas. Tanto es así, que cuando nos sentimos tristes, las personas que nos rodean nos dicen: no llores, no estés triste…¿Verdad?

Las emociones que generan en el otro cierta incomodidad, cierto malestar, son aquellas que evitamos de cara al público e incluso hacia nosotros mismos. ¿Cuál consideras que es la emoción más complicada de gestionar para ti como padre o madre?  ¿Y de tus hij@s? La frustración en los niños es una de las emociones que más cuesta validar.

La rabieta de un niño se puede convertir en uno de los momentos más indeseados de los padres, más si es en público y refleja la expresión de un deseo insatisfecho. Un deseo que los niños sienten casi como una necesidad, pues ellos no saben discernir una cosa de otra y, generalmente, es la punta del iceberg de un cúmulo de cosas. Y que, además, no saben canalizar ni tienen herramientas para gestionarlo.

La función de los adultos es arrojarles luz en este proceso. ¿Cómo? Lo primero, evitando, en la medida que se pueda, que lleguen a ese estadio.  Los niños cuando explosionan, generalmente, llevan algo más detrás, y muchas veces no somos conscientes. ¿Hace cuánto han comido o bebido? ¿Cuantos “vamos”, “no toques”, “no se puede” han precedido al momento? Una vez que sucede no hay varitas mágicas, pero sí tips para un acompañamiento respetuoso.

Lo mejor es evitarlas

Los niños con hambre o cansados, son más propensos a padecer explosiones de frustración, lo que conocemos como “rabietas”. Los espacios tipo grandes almacenes, si se puede, mejor evitarlos. Son lugares de muchos estímulos y los niños todo lo quieren, todo lo tocan y al cuarto “no” tienden a saltar.

Cuando la explosión es inevitable: 

Nunca ignorar. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Cuando tu te sientes así, lo último que mereces es que te dejen solo o te ignoren. Cuando te dicen, si lo que quiere es llamar la atención pues, precisamente, préstale atención, la necesita

Nuestro rol como padres es que crezcan con valores, respetándose a sí mismos y a los demás y, para ello, debemos dar ejemplo desde el primer día. Son nuestro espejo.

Para gestionar la frustración con nuestros hijos debemos en primer lugar validar la emoción. Darle ese espacio para expresarse. Sí, es muy complicado y más cuando están liándola en público…

  • Acercarse al niño tal y como te acercarías si te encontraras con un adulto en esa situación. No hacer de menos lo que siente por el hecho de ser un niño.
  • Tratar de comprender qué le ocurre y permitir que se exprese.
  • Acompañar ofreciendo alternativas viables para ayudar en la resolución del problema. Por ejemplo, “no puedes jugar en este espacio porque es peligroso pero, sin embargo, sí en este otro lugar”.
  • Pasado el momento de explosión, tratar de hablar sobre cómo se ha sentido y proporcionar herramientas al niño para gestionarlo mejor la próxima vez. 

Muchos padres, sienten nervios cuando sus hijos explosionan y es aquí donde nos tenemos que dar cuenta que nosotros, como adultos, tenemos que hacer también nuestro trabajo.

La paciencia sólo la puedes trabajar tú, la templanza, el equilibrio… Los adultos somos responsables de nuestras acciones y, muchas veces, nos permitimos determinadas acciones por el mero hecho de pensar que a los niños les podemos gritar o desmerecer, algo que no se nos ocurre hacer con nuestros jefes, por ejemplo.

Por lo tanto, el autocontrol es algo que se debe trabajar día a día en primera instancia para poder gestionar con integridad a nuestros hijos, que serán quienes se fijen en nosotros a la hora de desenvolverse en la vida.

 Y una frase que os puede ayudar: “Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite”.

Espero que estas pinceladas os ayuden a comprender mejor a vuestros hijos y os iluminen en el difícil pero precioso camino de la maternidad y la paternidad.

Para que podáis trabajar la relajación con los más peques, os dejamos unas actividades que ayudarán a vuestros hijos a controlar las emociones y, además, les inculcarán valores como el reciclaje o el trabajo en equipo. 

 

Ana Villaseca