La fase en la que dejas de ser madre para pasar a ser abuela

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Convertirse en abuela supone un acontecimiento muy especial para la vida de una mujer. No se trata de volver a ser madre tras el paso de los años, sino de adoptar un papel tan distinto como importante. De hecho, los abuelos siempre son una pieza clave en todas las familias, esenciales por el apoyo incondicional que muestran a aquellos hijos que recientemente han tenido un bebé.

Las abuelas primerizas pasan por un momento irrepetible en sus vidas, el momento en el que se les comunica que un nuevo miembro en la familia está por llegar. Puede que te lleves la sorpresa en forma de regalo o en una tarjeta con un mensaje que te dejará un poco descolocada. Pero, sí, ¡vas a ser abuela! Puede que la emoción inunde tus ojos o, tal vez, no sepas cómo reaccionar en un principio. Sea como fuere, estás dejando atrás la fase de ser madre para emprender una nueva y emocionante aventura.

Tus años como madre nunca finalizarán porque aunque tu hija o hijo te conviertan en abuela, ellos no dejarán de necesitar nunca tu sabiduría de vida. Además, las abuelas de hoy no son como las de antaño. Son más activas y más vivas, capaces de contribuir exitosamente al equilibrio familiar. Sin embargo, ¿cuál ha de ser tu papel como abuela?

La clave está en no sobrepasar los límites. A fin de cuentas, una abuela es una mujer con la licenciatura de madre. La mejor maestra para los padres novatos, así como para sus hijos. Podrás ayudar y aconsejar. Tu niet@ aprenderá de ti tanto como tú de él. Déjate llevar por la experiencia y disfruta de tu nueva categoría de abuela. Pronto te sorprenderás hablando de tu niet@ con tus amigas, de lo guapo que es y de lo feliz que eres en tu nuevo lugar en la familia.

Bebé a Bordo



Preparar la casa para el bebé

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La llegada del nuevo miembro a la familia requiere algunos preparativos en la casa. Normalmente los futuros papás preparan la habitación del bebé, los muebles y todo lo necesario para su futuro hijo con mucha dedicación e ilusión.

Por ello, me gustaría dar unos consejos prácticos al respecto, cosas que a mi parecer son imprescindibles en un hogar para recibir un nuevo miembro de la familia.

El primer cambio que vamos a hacer es crear un espacio en nuestro dormitorio para agregar una “cama” más. Los Recién Nacidos duermen normalmente cerca de su madre así que hay que hacer un hueco para que entre en el dormitorio una minicuna.

El siguiente paso es hacer cambios en el baño. Allí aparecerá una bañerita y todos los elementos necesarios para la higiene del bebé.

Desde luego, el elemento estrella en un hogar donde hay bebé es el cambiador. Existen varios tipos y modelos: con bañera incorporada, sin bañera con una cajonera debajo etc. Esto va al gusto del consumidor, para mí lo más importante es que sea un elemento cómodo para los padres, ya que lo van a utilizar con frecuencia, y que sea seguro para el bebé.

Aquí una advertencia: ¡Nunca debemos dejar al bebé encima del cambiador sin supervisión de un adulto!

El último consejo para los futuros papás: antes de ir a hospital, dejemos la casa totalmente preparada y con todas las cosas necesarias colocadas. La vuelta a casa puede ser un momento complicado. Dejar todo listo antes del gran día facilita mucho organizar todo de nuevo.



Nacer prematuramente

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A medida que iba avanzando mi embarazo, dedicaba más tiempo a los preparativos para la llegada de mi primer bebé, saber que cada vez estaba más cerca la fecha prevista para su nacimiento, me hacía sentir cosquilleo de emoción. Pero, todo ese mundo idílico que había podido imaginar se tambaleó, cuando el 30 de Enero de 2007 me puse de parto con solo 29 semanas de gestación.

Para los que no lo sepáis, cuando estamos embarazadas no contamos el tiempo de gestación en meses, lo hacemos en semanas, porque nos ayuda a entender mejor lo que debe ir sucediendo y hasta cuándo.

Así que Kike (como llamo cariñosamente a mi primer hijo) nació mucho antes de lo previsto. Yo no entendía qué estaba pasando, nunca había experimentado el dolor y la sensación de las contracciones. Lo único que sí sabía, es que no era el momento, aún mi bebé no estaba preparado para nacer, pero finalmente nació por cesárea, practicada de urgencia. Todo sucedió tan rápido que no tuve tiempo de ser consciente de la gravedad de la situación, todavía no sé de dónde saqué fuerzas para afrontar aquello, emocionalmente fue un mazazo, ahora pienso que mi interés por leer sobre psicología, inteligencia emocional y autoayuda, me permitieron mantener la fortaleza, pero en circunstancias complicadas debemos ser conscientes de nuestras limitaciones, en algunos casos, pedir ayuda profesional es necesario para poder mantenernos estables y fuertes ante las adversidades.

Cuando por fin llegó el momento de conocerle, varios días después, ni Kike, ni yo estábamos preparados para el encuentro, verle por primera vez fue muy raro, sabía que era parte de mí pero a la vez lo sentía como a un extraño. No me permitían cogerle, era tan pequeño, estaba tan delicado de salud, tenía tantos cables y tantas máquinas alrededor, solo podía tocarle un poco a través de su incubadora, desde luego no tenía nada que ver con lo que un día pude imaginar que sería ver a mi bebé por primera vez. El sentimiento más fuerte que tenía en aquel momento era el miedo, la preocupación por lo que pudiera pasar, solo le pedía a Dios que por favor me dejara disfrutar de él… Después de casi un mes de idas y venidas al hospital, de diagnósticos y pronósticos, por fin pude tenerle en brazos, y fue entonces, ese día, cuando de verdad me sentí madre. Sentí una sensación de paz increíble, fue como si siempre le hubiese tenido conmigo, era la sensación más natural e instintiva que he sentido en toda mi vida, necesitaba sentirme así, eso me dio fuerzas para sobrellevar todo lo que vendría después. Aún tendríamos que pasar casi tres meses más de sobresaltos e incertidumbre, fue duro irme a casa cada noche dejando a mi bebé en el hospital, pero mi mente se enfocaba en los avances; cada nuevo biberón y aumento de la dosis de alimento, cada intervención quirúrgica superada, toda mi energía giraba en torno a él, solo pensaba en su mejoría y en el alta hospitalaria, refugiándome en la actitud positiva. ¿Sabéis lo de «la botella medio llena o medio vacía»? Pues yo intentaba verla siempre medio llena…

Desde el principio los médicos centraron sus esfuerzos en estabilizarle ya que peligraba su vida, una vez conseguido esto, solo habría que esperar que siguiera desarrollándose y cogiendo el peso óptimo para poder irnos a casa. Cuando le dieron el alta, fue como empezar de cero, y se abrió un amplio camino desconocido para mí, la neuroestimulación, era otra forma de ser madre.

Lo cierto es que después de mucho trabajar con mi hijo para ayudarle en su desarrollo, él me ha enseñado muchas cosas y me ha hecho mejor persona. Las madres somos capaces de dar nuestra vida por un hijo, pero si ese hijo al nacer ha tenido problemas ese sentimiento de protección es aún mayor.

Kike llegó pronto y fortaleció todos nuestros cimientos; como padres, como pareja y como familia.



Cómo y cuánto abrigar a un recién nacido

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La ropa del recién nacido debe ser de fibras naturales (hilo, algodón). Debe ser amplia, de modo que permita los movimientos y deberá tener botones grandes o cintas autoadhesivas que se abrochen o sujeten preferentemente por la espalda.

La ropa de cama al igual debe ser de fibras naturales, ligera de peso y sin lazos ni cordones

Toda la ropa debe lavarse aparte de la de los adultos y con detergente especial, aclararla varias veces y secarla preferentemente al aire.

En cuanto a la forma de abrigar al bebé hay que tener en cuenta que por su mayor contenido en agua es más susceptible a los cambios de temperatura, es decir, se enfrían y se calientan más rápidamente. Entonces, dependiendo de la temperatura exterior a la que van a estar expuestos se les abrigará, con la advertencia que cuando haya un cambio de temperatura brusco habrá que adecuar su “abrigo” inmediatamente a la misma.

Baby clothes

Es decir si estamos en invierno y venimos de la calle a un espacio interno donde la temperatura es mayor habrá que quitarle ropa (gorro, manta, etc) nada mas entrar; y si estamos en verano y entramos en una dependencia mas fresquita o con aire acondicionado habrá que arroparlo con algo ligero.

Mención aparte es referirse a la forma de arroparlo en la cuna o para dormir.  No debe dormir con gorro de ningún tipo ni arropado por encima de la parte superior del tórax (hasta debajo del cuello) debe tener la ropa amplia para que se pueda mover (pijama y edredón) o puede ser útil utilizar en invierno los “pijamas-manta” amplios, pero sin taparlos después con una manta o edredón.